Estoy tomando un mate mientras estudio en mi departamento
Fecha: November 27th, 2012 | Categoría: Filosofia | 2 Comments »Es un domingo tranquilo y atardece. Estudio en hojas de carpeta procesadas de la caña de azucar a mil kilómetros de acá. Escucho música desde internet con la computadora, una de las infinitas funcionalidades que tiene esta intrincada combinación de puertas lógicas y electricidad. Escucho una pieza de jazz que fué registrada para fonógrafo, adaptada a CD, y luego convertida en algún formato digital con pérdida de información. Esta música viene directo desde Atlanta, en series de impulsos eléctricos que son primero leídos desde un formato magnético en un disco duro, transferidos por conductos de silicio, cables de cobre, fibra óptica, cables transcontinentales o tal vez señal satelital, para luego trasladarse por la línea telefónica de cobre y aluminio hasta el módem de mi casa, transferido a mi router que transmite una señal de microondas por el aire para que la misma información que salió del disco duro en Atlanta sea captada por mi computadora, que tras decodificar la señal de microondas encriptada, la transforma en registros magnéticos temporales en la memoria, que instantes después es retomada y dirigida a mis auriculares, que modifican la presión del aire en cierta forma para que yo pueda escuchar la música de John Coltrane...
Mientras tanto, tomo un mate, un gusto adquirido por la coincidencia de que yo haya nacido en Argentina de entre las miles de culturas donde podría haber caído. Discuto por email con un español a miles de kilómetros el precio de un trabajo, intercambio ideas con una salteña a cientos de kilómetros sobre política, y desde mi celular mando mensajes instantáneos a mi novia, a unos pocos kilómetros de distancia. Escribo con una birome que se aprovecha de la fuerza gravitatoria para poder impactar la hoja con patrones que sólo tienen significado bajo el contexto cultural matemático moderno, y hace trescientos años se hubiesen demorado decenas de años en decifrar los significados y teorías detrás de las conclusiones a las que hoy se llega mucho más rápido con un sistema formal establecido.
Estoy parado sobre un parqué, formado por un patrón en V inventado y reinventado por varios artistas a lo largo de la historia de la humanidad. La madera viene de los bosques de Misiones y fue transportada por un camionero que en esa época estaba pasando por un divorcio. Estas maderas están sobre un sistema de calefacción de loza radiante, y el edificio entero fue construido con la tecnología de hormigón armado, maravilla de la industria civil. Está ubicado cerca del subterráneo, esa combinación de vagones unidos que recorren la ciudad por debajo, evitando el tránsito de decenas de miles de autos que se coordinan en el tránsito para mover millones de personas cada día en la ciudad de Buenos Aires. Cada persona que maneja tiene una historia compleja que lo llevó a hacer ese viaje, cada colectivero lleva un par de decenas de personas y cada una de esas personas piensa en sus propios problemas, desde el que decide qué va a comer al mediodía, hasta el abogado que está decidiendo si tener un hijo con su pareja, pasando por la licenciada que está pensando cómo salir de una situación laboral conflictiva o el estudiante que repasa cómo resolver un sistema de ecuaciones en su cabeza.
Esta noche voy a ver una película pirata, que descargué de partes distribuídas por gente de todas partes del mundo, donde mi computadora se conectó a la de anónimos sin que ninguno de nosotros nos enteraramos en particular, una película dividida en fragmentos ininteligibles y descomprimida siguiendo un algoritmo cuya ejecución mediante el cerebro humano llevaría centenas de años, imposible de mantener en el cerebro de ninguna persona, por lo que lápiz y papel (mucho papel) sería necesario para el proceso. Voy a proyectar esa película en mi monitor de aproximadamente 1 millón de puntos, donde cada punto cambiará probablemente cada segundo para mostrar distintas figuras y emitir sonidos, de esto mi cabeza identificará patrones a los que llamaré actores, diálogos, escenarios y trama. La imágen de las caras de los actores y la trama será lo que más quedará impregnado en mi cerebro, tal vez con una enseñanza o razonamientos, más algún mensaje que interpretaré y probablemente sea distinto al que los guionistas y el director quisieron transmitirme.
Estoy tomando un mate mientras estudio en mi departamento.
