El Viaje Que Nunca Olvidaré

Fecha: September 30th, 2008 | Categoría: Filosofia | 4 Comments »

Para romper un poco con la onda pesimista y super tecnológica que está teniendo mi blog últimamente, posteo esta traducción que hice de un artículo que leí hace poco en zenmoments.org. La página original está caida, probablemente debido al Digg Effect (llegó a ser la página más visitada de internet del viernes pasado).

El autor es un sensacionalista escritor de libros de autoayuda. Pero más allá de la veracidad de la historia, realmente me pareció conmovedora y quería compartirla. Tiempo de lectura: 3 minutos y algunos segundos


El título original era "The Cab Ride I'll Never Forget".

El Viaje Que Nunca Olvidaré

Hace 20 años,  mi trabajo principal era de taxista. Una vida de cowboys, una vida para alguien que no quería tener un jefe.

De lo que no me dí cuenta, es que también era un trabajo de sacerdote.

Como yo tenía el turno nocturno, mi taxi se convirtió en un confesionario ambulante. Los pasajeros se subían, se sentaban detrás de mí y en total anonimato me contaban de sus vidas. Encontré personas cuyas vidas me asombraron, me deslumbraron, me hicieron reír y llorar.

Pero ninguna historia llegó a conmoverme tanto como la de una mujer que atendí en una noche de Agosto. Era un llamado proveniente de una zona muy tranquila. Pensé que era para llevar a gente que venía de una fiesta, o alguien que tuvo una pelea con un amante, o un trabajador que tenía un turno nocturno.

Cuando llegué, eran las 2:30 de la madrugada, y el edificio de cuatro pisos estaba completamente oscuro, excepto por una tenue luz en la ventana de la planta baja.

Bajo esas circunstancias, muchos conductores simplemente tocan bocina una o dos veces, esperan un minuto, y luego se van. Pero a menos que la situación parezca peligrosa, yo siempre tocaba la puerta. El pasajero podía ser alguien que necesitaba mi ayuda, pensé.

Así que caminé y golpeé a la puerta. "Un minutito" respondió una voz frágil y anciana. Pude escuchar algo siendo arrastrado por el piso.

Luego de una larga pausa, la puerta se abrió. Una mujer pequeña de ochenta años estaba parada frente a mí. Estaba usando un vestido antiguo y un sombrero con un velo, y parecía salida de una película de los cuarenta. Al lado suyo tenía una pequeña valija. Parecía que nadie había vivido en ese departamento en años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas. No había cuadros o relojes en las paredes, ni cubiertos en la pileta. En la esquina, había una caja de cartón llena de fotos y artesanías de cristal.

"¿Podrías cargar mi equipaje en el auto?" dijo ella. Hice lo que me pidió, y volví para ayudarla. Se tomó de mi brazo y caminamos despacio hasta el taxi. Constantemente me agradecía por mi gentileza.

"No es nada", le dije. "Intento tratar a mis pasajeros de la manera que quisiera que mi madre fuera tratada."

"Eso es muy tierno", me dijo.

Cuando llegamos al taxi, me dio una dirección y me pidió que no tomara la avenida. "No es el camino más corto", le respondí como reflejo.

"Ah, no hay problema", dijo. "No tengo apuro. Voy hasta un asilo de ancianos"

Miré por el espejo retrovisor. Sus ojos estaban húmedos y brillantes.

"No me quedan familiares, " continuó. "Los doctores dicen que no me queda mucho más"

En silencio, apagué el cuentakilómetros. "¿Por donde quiere que tome?" le pregunté.

Durante las próximas dos horas, conduje a través de la ciudad. Me mostró el edificio donde una vez trabajó como operadora de un ascensor. Cruzamos el barrio donde vivió ella y su marido cuando estaban recién casados. Me detuvo en frente de un galpón que una vez fue un boliche bailable cuando ella era joven. A veces,  me pedía que condujera lento en frente a un edificio en particular o parara completamente y se quedaba allí, sentada, mirando a la oscuridad sin decir nada.

Con el primer indicio de que clareaba, repentinamente dijo: "Estoy cansada. Ya fué suficiente."

Me dirigí hasta la dirección que me había dado. Era un edificio bajo, con una pequeña entrada techada. Dos empleados se acercaron al taxi cuando llegamos. Se mostraron muy solícitos y cuidaban cada movimiento de la señora. Seguro la estaban esperando. Cuando bajé la valija y cerré el baúl, ella ya estaba sentada en una silla de ruedas.

"¿Cuánto te debo?" me preguntó, abriendo su cartera.

"Nada", le dije.

"Pero este es tu trabajo", respondió.

"Ya habrá otros pasajeros"

Y casi sin pensarlo, me agaché y le di un abrazo. Ella me sujetó fuertemente.

"Le has dado a una viejita un pequeño momento de gran alegría. Gracias".

Nos dimos la mano, dí media vuelta y me alejé. Detrás mío, una puerta se cerró. Fué el sonido de una vida que terminaba.

No tomé más pasajeros durante ese turno. Manejé sin rumbo, perdido en mis pensamientos. Por el resto del día, no podía casi hablar. ¿Qué hubiera pasado si el taxista resultaba estar de mal humor, o fuera uno que estaba impaciente por terminar su turno? ¿Que hubiera pasado si otro hubiera tomado ese pasaje, o si yo tocaba una vez bocina y luego me iba?

En forma resumida, creo que no hice algo tan importante en mi vida.

Estamos condicionados a la idea de que nuestras vidas orbitan alrededor de grandes momentos. Pero estos grandes momentos generalmente nos agarran desprevenidos - envueltos de tal manera que otros lo consideran un momento irrelevante.

Kent Nerburn

Originalmente leído en: http://www.zenmoments.org/the-cab-ride-ill-never-forget/


  • http://g-users.blogspot.com/ ferdinando

    que profundo!!
    posteate mas (?)

    muy bueno che :P

    la vieja es una capa!!

    yo cuando sea viejo voy a hacer lo mismo...

  • Pingback: meneame.net

  • http://vizarroykruel.blogspot.com elsanmen

    por dios que me has hecho tirar lagrimas, y es que a veces vivimos tan acelerados que nos olvidamos de ayudar al projimo, de atenderlos como quisieramos ser tratados, excelente post, saludos desde mexico!!

  • Dilia

    Gracias por tu generosidad en compartirlo.!!!
    es una actitud emocinante y ejemplar ....
    suerte que existen seres como  él......y
    también suerte que lo transmite para poder
    darnos ánimo y seguir creyendo con fe.
    Lo más importante es hacernos pensar ....